Caperucita caminaba asustada por el bosque, había luchado
contra lobos, duendes y sapos, pero aquello no la había hecho más fuerte, sino más
triste. Se dirigía sin rumbo a un destino predestinado. Por el camino, lloraba,
pensando que nunca saldría de ese bosque del cual se había metido sin darse
cuenta. Pobre caperucita, camino días y días, hasta que se dio por vencida y desvaneció.
Un león entro en escena, dicho animal se tumbo a su lado, desprendiendo calor
al cuerpo de la niña. Despertó y sin miedo subió al lomo del animal. Bella caperucita
subida con gran porte en dicho animal. No temas le dijo el león, cuidare de ti
como nunca lo hicieron antiguos seres. Pero la niña no hablo, ella, prefirió
acumular dolor sin convertirlo en palabras, acumular amor sin convertirlo en
abrazos, acumular las penas sin llorarlas.

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