Había una vez una niña que se enamoro, cual lindo pájaro volaba
feliz sin miedo a nada, el amor le hacia flotar, cantaba cual dulce pajarillo
sentada en la mas alta rama del árbol, pues no tenia miedo a las risas de los que
no sabían escuchar. Su amor, puro amor duro un tiempo, pero de tanto volar el pájaro
cayo desplomándose y rompiéndose el ala, tal la niña convertida en princesa de corazón
roto abandono su felicidad, pues ya no veía el cielo claro de color azul, sino
que lo veía negro con una terrible tempestad.
Le abandono el amor de su vida y junto a él volvió al temor. Pasaron días,
el pájaro de alas rotas conseguía poco a poco salir de su nido, intentar volar
de nuevo, consiguió volar unos metros pero volvió a caer, empeorando asi su
estado. Asta que un dia, un caballeroso hombre deposito de nuevos sus cálidas
manos en aquel dulce pajarillo indefenso, dulce princesa enloqueció al comprobar
que era el mismo ser que le hizo caer. Enamorada aun, le sigue el juego del
amor, sin tenerlo realmente para ella. Pero que menos que sentir esas cálidas
manos, que el dulce pájaro agradece en el frio invierno de sus alas rotas. lunes, 10 de septiembre de 2012
cual pájaro de alas rotas 0109
Había una vez una niña que se enamoro, cual lindo pájaro volaba
feliz sin miedo a nada, el amor le hacia flotar, cantaba cual dulce pajarillo
sentada en la mas alta rama del árbol, pues no tenia miedo a las risas de los que
no sabían escuchar. Su amor, puro amor duro un tiempo, pero de tanto volar el pájaro
cayo desplomándose y rompiéndose el ala, tal la niña convertida en princesa de corazón
roto abandono su felicidad, pues ya no veía el cielo claro de color azul, sino
que lo veía negro con una terrible tempestad.
Le abandono el amor de su vida y junto a él volvió al temor. Pasaron días,
el pájaro de alas rotas conseguía poco a poco salir de su nido, intentar volar
de nuevo, consiguió volar unos metros pero volvió a caer, empeorando asi su
estado. Asta que un dia, un caballeroso hombre deposito de nuevos sus cálidas
manos en aquel dulce pajarillo indefenso, dulce princesa enloqueció al comprobar
que era el mismo ser que le hizo caer. Enamorada aun, le sigue el juego del
amor, sin tenerlo realmente para ella. Pero que menos que sentir esas cálidas
manos, que el dulce pájaro agradece en el frio invierno de sus alas rotas.
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